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El Minnesang de Arturo

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El Minnesang de Arturo

Mensaje por Akira Tenshi el Dom 14 Jun - 20:52

Bueno aqu les dejo el fic?
que postee en at, SAYO! Cool

Spoiler:

Desde la muerte de Viridiana, decidì trabajar literariamente. Escribir una novela. Me encerraba
en mi cuarto casì todo el dìa, escribiendo capìtulos que nunca me gustaban y que perecìan en el bote de la basura.

---Tengo què hacer algo.
Ensayè con poemitas en Inglès y Francès. Mecànicamente tomaba cuartillas para intentar algo. Mirando el papel,
encendìa un cigarro, para atacar nuevamente la novela.
---Què bodrio.
Y srviò el retrofechado poemita: me hizo ver que mi cerebro estaba realmente lleno de algùn lìquido extraño.
Preferì botar las cuartillas para leer una obra de Novalis, y asì, fumando, leyendo, leyendo, fumando y
sabiendo que no estaba entendiendo.
¡Sorpresa! Andrea vino a verme a la tarde siguiente.
Aunque no la habìa visto durante un mes, no pidiò explicaciones porque sabìa ---o creo que sabìa--- que
no estaba dispuesto a darlas.
Considerando que en mi casa el ambiente estarìa fùnebre, la invitè a salir a cualquier parte. Pero se negò,
arguyendo que querìa estar en mi casa, conmigo ( que je n'entends pas! ) Pasamos a la biblioteca, donde se
habìa divertido tanto, para iniciar la ronda de costumbre que tanto me hastiaba ya. Beber tequila, adquirir
un tono rojizo en la cara y comportarse como imbècil.
En efecto, ya con varios tragos encima y nada de non plus ultra, enfeticè:
---¿Sabes què necesito?
---¿Què?
---Acostarme contigo.
---¿Para què?
---Sais pass.
---Tù bien sabes que no soy una vagina andante, ¡làrgate a un burdel!
---Tù no quieres eso.
---Pues tampoco estoy dispuesta a entregarme asì como asì.
---Entonces, ¿Còmo le hago?
---Sedùceme, despliega tus dotes a lo Don Giovanny
---¿Es un reto?
---Mais oui
---Acepto
---Parfait, puedes darte por frustrado
---Y tù, por seducida.
Seguimos con el tequila, mientras trataba de excitarla, pero ella eludìa mi erotismo con frialdad.
Redoblè mis ataques y nada. El poseerla se habìa convertido en obsesiòn, era ya por orgullo.
Estuvimos aùn bastante rato y proseguì mi lucha con el temor de que mis padres se fueran a presentar.
Por eso, con un par de botellas, salimos en el auto.
Pasada la medianoche finalmente tuvimos sexo, sin sentir màs que una mìnima satisfacciòn.
De regreso en su casa dijo:
---No puedo negar que fue una buena contienda, pero, Arturo ---no puedo aguantar màs la ironìa--- , jamàs quise
acostarme contigo, al fin lo hicimos y me siento humillada, muy humillada...
Como buen imbècil que era, contestè secamente:
---Estamos demasiado ebrios vete a acostar.
Me mirò con angustia, entre sollozos.
---No, Arturo, esto ha sido demasiado. Por favor, no quiero verte de nuevo, no podrìa.
Confieso que entonces no comprendì, sòlo pude asentir, encogiendo los hombros, vi consternado
còmo entrò en su casa, llorando, sin volverse.
Permanecì un largo rato mirando a la puerta, y luego, con pasos lentos, regresè al auto. Estuve en un bar
nocturno en las afueras de la ciudad hasta el amanecer.

Estaba concentrado en el poema escrito hace cuatro meses: lo encontre al hurgar en unos papeles guardados hacìa
tiempo en una mochila. Recordaba perfectamente mi estado de ànimo al escribir ese; ilumina la oscuridad.
La sucesiòn de ideas, la muerte de Viridiana, el final con Andrea, etcètera. De todo eso distaban cuatro meses.
Para ese entonces estudiaba preparatoria ( en la misma escuela ) , bachillerato, listo para terminar ese año
e ir directo a Filosofìa y Letras. En una semana cumpliria dieciocho años.

Oswaldo habìa terminado de leer su ensayo y todos los circuloliterariomodernistas se miraban, sin saber
còmo comensar con la critica. Dejè el poema, decidiendo atender la reuniòn.
Ivan, el pederasta, empezò. Luego, Hirving: mi hermano de saliva, Laura y Sonia no opinaron. El señor Pulido, presidente,
repitiò la opinion de los demàs y la señora Marcela dio puntos vagos. Confesè no haber escuchado, lo que me trajo
la consiguiente mirada desdeñosa de Oswaldo.
Junto a Sonia y Laura estaba una amiga de ellas, fumando un cigarro. Sus ojos grandes y hermosos parecìan distraìdos.
Era super linda y me sorprendì admiràndola: desde Andrea no me habìa fijado en ninguna niña, pequeña, elegante,
piel acariciable. Y los ojos grises, gèlidos. Nada sabìa de ella, salvo que era amiga de Sonia y que estaba frente a mì.
Distraìdamente, sacò un milesimo cigarro, mirando al vacìo, y de repente, se volviò hacia mì con una sonrisa.
---¿No tienes fuego?
Nerviosamente saquè el encendeprende. Cuando prendio su cigarro volviò a sonreìr con cortesìa y a lucir su rostro de distracciòn.
Crìticas y lecturas terminaròn, y el señor Pulido se sentò correctamente para decìr:
---Asuntos generales, ¿Hay algo que decir o proponer?
Lauri levantò la mano, y sin esperar permiso para hablar, dijo:
---Tengo el gusto de presentarles a Ana, Ana...
---Ornelas ---terminò ella.
---Eso es, Ana Ornelas. Es un oceano de inteligencia y escribe poesìa, quisiera pedir que sea aceptada en este Cìrculo etcètera
por ser una persona positiva y con inquietudes.
Alguien pidio que leyese algo y Ana, màs ràpido que de prisa, leyò cuatro poemas sin dedicatorias, un tanto cursis. Por
votaciòn unànime de los cìrculoliterariomodernistas fue aceptada.
Cuando terminò la reuniòn, salì hasta el final, para encontar con que me esperaban Laura, Sonia y Ana.
Lleve a Lauri y a Sonia a sus casas respectivamente, y ya con Ana fuimos a antrear. Platicamos de Bach y Weber y
despuès me dediquè a alabarla. Debiò sentirse satisfecha, pues tras sonreir super kawaii, me invitò a su casa para
escuchar la clàsica.
Su casa era enorme, llena de lujos idiotas, nos colocamos en el vestibulo donde un maravilloso teatro de seis canales
erà la pirncipal joya familiar. Platicamos escuchando La sorpresa ( què no me sorprendiò ) , la Historia de
un soldado ( sin falta de ortografìa ) y el magistral chopin. Tras despedirme la deje en su casa, haciendole reverencia.
Llegue a mi casa super contento por haber pasado un rato tan agradable, cosa que hacìa mucho rato no pasaba, en la mesa
de centro encontre una carta. ¡De Madrid! Garabatos azulescos a la vista. Sonriendo por la sorpresa, encontrè un cd y una
grabaciòn de las sinfonìas de Ludwig Van.
Subì a mì recàmara ràpiadamente para poner el cd.
Primero, Minuetto en Sol. Comence la lectura de la carta que transcribo.

Canallìsimo pero querido Arturucho.
¡ya casi aprendi a hablar francès! Estoy segura que en poco tiempo lo domino. Tenìas razòn, aunque mis primeros dìaz
en madrid los pase odiàndote, ahora estoy feliz. Exceptuàndote, no extraño a nadie de Mèxico y sòlo en instantes mi
pensamiento vuela hacia allàntaros para odiar con toda mi fuerza a Victor y a mi Israel. Las sinfonìas te los mando y desde
aqui me burlo, por que fuera de los famosos titulos, no entenderàs nada.
Tè mandè tambien la novena ( Scherzo ), que tanto nos gusta. Otra nueva: soy casi marxista y estoy encantada de serlo.
Pienso, en un tiempo nada lejano ir a Paris. Comprendo que aùn soy una burguesita ---¿hamburguesita?---, no, burguesita.
je je je, pero he de proletarizarme ---¿se dirà asì?---, y eso deberìas hacer tù, dejar esa vida retrògrada que llevas. Como
podràs imaginar no he entrado en ninguna escuela, ni pienso hacerlo por lo pronto. Me dedicarè a viajar y a estudiar
marxismo. Bueno, espero tu elemental respuesta contando choros del CLM, de 1'cole y demàs. A pesar de la chuequez
que me hiciste, te quiero desde siempre.

PD: ¡Viva la ressistance!

Azul.


Acabe la carta cuando la novena terminaba, la carta me agrado de sobremanera. Levantè la vista
y vi el techo azul con gusto, por primera vez en mi vida. Me sentìa contento: apreciaba mi cuarto, la mùsica,
me vi en el espejo con simpatìa, y al acostarme el contacto con las sàbanas fue casi una caricia. Me dormì al instante.

Aprovechè el tiempo libre para hablarle a Ana. Desde que desperte no dejaba de pensar en hacerle una llamada.
Bajè corrienndo las escaleras, para salir a hablar en un telefono publico. Tres pesos. Sù numero: 21-59-34-12,
lo aprendì de memoria. Marquè lentamente no queria equivocarme.

Dos.
¿A donde podrè invitarla?
Uno.
¿A donde?
Cinco.
¿A tomar un tinto?
nueve.
O, ¿a dar una vuelta?
Cuatro.
Ya me equivoquè, ¡serè gilipollas!
Clic.
Vuelvo a marcar...
Dos.
Mis dedos estàn temblando
Uno.
jamàs he visto ojos tan hermosos
Cinco.
No puedo perder la oportunidad por ningun motivo
¡Joder! voy bien
Nueve.
Tres.
Cuatro.
Uno.
Es super interesante, tengo que intimar con ella
Dos.
Ya està, llamando.

---Comienzan los ruidos y sus intervalos; unos cortos otros largos, mì oido pegado al articular, los largos dedos de pianista
envolviendo la bocina color negro. Ruido largo y corto silencio. La mirada en el vacìo, una pierna delante de otra. Largo
ruido, silencio corto. una mano en la bolsa. otra en la trasera, mirando al cielo. Repiraciòn acelerada, una señora obesa
junto a un niño esperan su turno, mano fuera de la bolsa ---para frotarme el ojo izquierdo---, ruido , silencio, listo, ¡contestan!

---¿Bueno? ---pregunta voz desconocida.
---Por favor, con Ana.
---¿De parte de quien?
---De Arturo Cruz, un amigo del Cìrculo Literario Moderno.
---¿De donde?
---Del Cìrculo Cuaternario Incierto.
---Verè si està, un momento.
---Muchas gracias.
Un instante de silencio con la mirada de la obesa sobre mis hombros.
---¿Si? ¿Quièn habla?
---Arturo, ¿No me recuerdas?
---La verdad, No.
---Soy del cìrculo Literario Moderno / Ayer estuve en tu casa...
---Ah, si. Lo que pasa que no sabìa còmo te llamabas.
---Me imagino. que YO recuerde no nos presentaron.
---Bueno, eso no importa, ahora sè tu nombre, Arturo.
---Puedo darme cuenta.
---Bueno, ¿Y que necesitas?
---Te hablè porque realmente me dejaste impresionado ---recitè, de carretilla.
---Por favor...
---Es cierto, y pues nada quisiera invitarte a tomar un tinto, a dar una vuelta, lo que sea. ¿podrias?
---¿A que hora?
---Cuando tu lo desees, solo quiero verte de nuevo.
---¡Genial! estoo?, mira, yo encantada hoy salgo de la escuela a las siete ¿puedes pasar por mi?
---Serà un placer, ¿en que escuela estudias?
---En la Facultad de Filosofia y Garabatos, en CU.
---¡Ah! ¿Dònde te encuentro?
---en el cafè, ¿okay?
---vale: te veo a las siete, Ana-Ana
---Hasta las siete en el cafè, ¡Sayo!
---Sì, en el tinto, ¿Sayo?

El auricular, en su puesto, y correponde el turno a la redondez, con niño en brazos. El sol estaba en su cenit
( mais non, G,! ) , repartiendo luz y calor sin egoìsmos. Caminè lentamente hacia la escuela, gozando de los
rayos solares, al pensar en los ojos grises de Ana.
Llegue a la escuela echo sonrisas, saludando a los profesores ( lo cual era insòlito en mi caso ) .
A la salida encontrè a lauri y nuestra plàtica se redujo a Ana. Me contò: su familia erà del DF, tenià veinte años,
estudio en la preparatoria UVM y ahora estaba en Filosofìa; informome tambièn: aunque salìa
con bastantes tìos no tenia novio que se le conociera, y era vecina suya, informacion ¡idònea!
La dejè en su casa para luego emprender mi viaje hacia el campus, donde un anodino vientecillo hacìa que las hojas
se meneasen, arrìtmicas. Es primavera, pensè resumiendo toda la cursilerìa que me era posible en ese instante.

Vale luego les posteo el resto, SAYO! Cool

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Akira Tenshi
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